¿Cuál es la causa real de la obesidad? Cualquier persona de a pie, incluso los mejores expertos, podría afirmar, bueno, la respuesta es muy fácil: la gente se engorda porque consumen más calorías de las que gastan; ya está, esa es la razón por la cual las personas se ponen obesas. Sin embargo, como decía Einstein, “debemos hacer que las cosas sean más sencillas, pero no más simples”. Por eso, al hablar de causas, necesitamos distinguir, qué es causa primera y qué es causa última. No es lo mismo.
Veamos, pues, la diferencia: Si alguien, por dar un ejemplo, es adicto al alcohol, la causa primera es la siguiente: es alcohólico porque toma mucho licor; entonces, para superar su estado, simplemente debe dejar de consumir tanto alcohol; ya está; si no lo hace, entonces se lo puede juzgar de incapaz, un vago sin principios, un ser anormal y un falto de fuerza de voluntad. Pero, por otro lado, si queremos encontrar la causa última, necesitamos acopiar más información: Podríamos remontarnos a su niñez, indagar desde su nacimiento, investigar muchos aspectos sobre su familia, sus bases genéticas, los aprendizajes tempranos, sus habilidades en el manejo del estrés, su capacidad para relacionarse en sociedad, las frustraciones y los complejos no superados en el transcurso de la vida; así las cosas, el asunto del alcoholismo ya no se ve tan simple, y es que no lo es, igual que no lo es, el fenómeno de la obesidad.
Un área muy importante sobre la que se investiga intensamente en obesidad, es sobre el funcionamiento de nuestro sistema hormonal, y el punto de ajuste neuroendocrino del peso corporal; eso no deja de lado, claro está, los malos hábitos alimenticios, tanto en calidad como en calidad, el sedentarismo, el estrés, la alteración de la microbiota intestinal, los trastornos del sueño y un largo etcétera; de ninguna manera; solo que engordar no es simplemente consumir demasiadas calorías y gastar pocas, pues esa es la causa primera, como lo veíamos anteriormente.
Tras arduas y extensas investigaciones sobre el funcionamiento de nuestro sistema hormonal, se ha llegado a proponer una hipótesis: La obesidad es debida a que el punto de ajuste del peso corporal está ubicado a un nivel mucho más alto debido a un desequilibrio hormonal. En esta hipótesis hay un jugador de primer orden, es una hormona muy importante, diríamos que trascendental en muchos procesos biológicos, pero crítica cuando se requiere entender la obesidad; esa hormona es: la insulina.
La insulina, hormona producida por el páncreas, es trascendental en el metabolismo energético y otros procesos biológicos; desde el punto de vista energético ella es la que ordena la acumulación de grasa corporal; cuando comemos, y sobre todo cuando comemos en exceso, especialmente carbohidratos de asimilación rápida, se liberan cantidades extra de insulina a la sangre que, por una parte, hace descender los niveles de glucosa y por otra, acelera la acumulación de grasa en el tejido adiposo y también en el hígado.
Parece ser, que todos nuestros cuerpos tienen un sensor que determina el peso optimo; ahora bien, mantener alto de una manera constante el nivel de insulina, hace que se eleve el punto de referencia del peso corporal; con el tiempo, intentar adelgazar hace que el cuerpo quiera regresar a este nuevo punto de ajuste, que ahora es más alto, dificultando el proceso de pérdida de peso; el cuerpo, que siempre tiene hormonas contra reguladoras para mantener el equilibrio, produce entonces otra hormona, la leptina; esta, de alguna manera, hace lo contrario de la insulina: disminuye el apetito, favoreciendo entonces la movilización de la grasa.
Hasta ahí, todo bien; pero resulta que cuando se tienen elevados los niveles de estas hormonas ocurre una resistencia a ellas; por un lado, las células responden cada vez menos a la insulina; en ese caso, se puede empezar entonces a elevar los niveles de azúcar en sangre, mientras, por otro lado, prosigue la acumulación de grasa; entre tanto, los altos niveles de leptina, que también ha causado resistencia a ella, ya no suprimen el apetito; he ahí el problema. ¿Qué hacer? Disminuir los niveles de insulina. ¿Cómo?
Bueno, lo primero es entender que elevados niveles de insulina hacen que aumentemos de peso y, segundo, que, para perder peso, los niveles de insulina deben estar bajos. Podemos entonces evitar los picos de insulina permanentes causados por el exceso de carbohidratos, sobre todo los llamados ultraprocesados: refrescos, panes, harinas, azucares y en general, toda aquella comida llamada basura, chatarra o fast food. Pero también debemos prestar atención a la cantidad de alimentos y la frecuencia con que se consumen.